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Os hemos hablado en ocasiones de cómo nuestros hábitos, incluida nuestra capacidad de gestión emocional, pueden afectar al funcionamiento de nuestro sistema inmune. Pero, ¿sabemos qué ocurre cuando nuestras defensas son las que están afectando a nuestro estado de ánimo?

Se trata de un cuadro que pocas veces contemplamos porque damos por sentado que la capacidad de influencia es justo al revés, pero lo cierto es que unas defensas en baja forma pueden hacernos sentir en un estado emocional negativo.

¿Qué ocurre cuando tenemos bajas defensas?

Nuestro cuerpo tiende a avisarnos cuando estamos bajos de defensas, de ese modo podemos tomar medidas. Tener síntomas como estos puede darte la voz de alarma:

  • Fatiga o cansancio prolongado.
  • Caída del cabello superior a lo habitual o fuera de las épocas del año en las que suele darse.
  • Tardar mucho en recuperarse de infecciones leves como un resfriado o incluso una herida poco profunda o recaer con frecuencia en otro tipo de patologías como la gingivitis o la cistitis.
  • Empezar a tener reacciones alérgicas que no habíamos padecido hasta el momento.

Estos síntomas podrían apuntar a un cuadro de bajas defensas o mal funcionamiento del sistema inmune.

Y además, debemos de tener en cuenta que nuestras emociones, como nuestras defensas, se encargan de nuestras reacciones frente a los estímulos, por lo que su funcionamiento parece que debería ir ligado mucho más allá de lo que pensamos. Ambos nos protegen de situaciones de peligro.

La teoría de la inmunología afectiva

Por todas las ligazones que existen entre gestión emocional y sistema inmunitario, existen corrientes en la medicina actual que proponen unir las sinergias de la psicología, psiquiatría e inmunología para tratar a aquellos pacientes cuyas patologías en el sistema inmune están comprometiendo su salud mental o emocional y viceversa: pacientes con enfermedades mentales o estados de ánimo negativos que ven disminuida la fortaleza de sus defensas a consecuencia de ello.

Nuestras defensas y nuestras emociones se adaptan, son plásticas y reaccionan a estímulos, y esta teoría médica cree firmemente que las reacciones en un sistema se reflejan en el otro.

En situaciones de inmunidad comprometida nuestra memoria puede resentirse. Y no solo eso: podemos presentar con más facilidad cuadros de ansiedad y ver afectada nuestra conducta social.

Sin embargo, se trata de estudios que todavía no han podido profundizar en la explicación de los mecanismos de interconexiones entre nuestras dos principales capacidades de respuesta (inmune y emocional).

Cómo ayudar a nuestras defensas para proteger nuestro estado de ánimo

Como hemos visto, mantener equilibrio en ambos sistemas es fundamental para una vida sana (física y mentalmente). Sin embargo y hasta que se profundice sobre las ligazones entre ambas disciplinas, os proponemos cuidar vuestras defensas para cuidar vuestro estado de ánimo con unos sencillos consejos:

Come sano

Por supuesto, nuestro estado de ánimo va a mejorar si disfrutamos de comidas sabrosas y sanas, pero además estas deben nutrir nuestras defensas: una alimentación variada con frutas, verduras y legumbres como pilares fundamentales aportará a tu cuerpo los minerales y vitaminas necesarios para un buen funcionamiento del sistema inmune.

Por otro lado, también puedes complementar esta dieta equilibrada con la ayuda de ciertos complementos alimenticios. Si quieres asegurarte de que no te estás dejando ningún ingrediente que ayude a tus defensas, prueba a tomar el complemento alimenticio CoVitality.

Su lista de ingredientes incluye Selenio, un oligoelemento directamente relacionado con la creación de nuestras células T, que son las que encuentran a los patógenos y los combaten. Además es antioxidante y necesario para la creación de nuestro ADN. También contiene Zinc, que se alía con las vitaminas C y también con la D para contribuir a que nuestro sistema inmunitario funcione con normalidad.

Otros de sus ingredientes son la lactoferrina y el Bifidobacterium lactis BI-04®. Ambos intervienen en la creación y mantenimiento de una flora intestinal en buenas condiciones.

Por último, incluye en su formulación las vitaminas B1 y B6 que ayudan a combatir la fatiga, una sensación que suele llevarnos a situaciones de bajo estado de ánimo.

Descansa lo necesario y muévete

Tan necesario es cansarse haciendo la dosis perfecta de ejercicio físico como descansar adecuadamente. Nuestro cuerpo necesita que tengamos actividad que proteja nuestra movilidad y el buen estado de nuestro aparato locomotor y también que durmamos un número de horas suficientes como para que los procesos que tienen lugar cuando estamos soñando se puedan llevar a cabo.

Protégete de temperaturas extremas

Tanto en invierno como en verano, cuida de que tu cuerpo no sude excesivamente o se exponga a golpes de calor o frío intenso. Los cambios bruscos de temperatura pueden provocar alteraciones en las mucosas de nuestras vías respiratorias que se pueden traducir en una vía de acceso a infecciones.

Mantén unas condiciones de higiene mínimas

Lávate las manos y también los alimentos que vayas a consumir, ¡incluso aunque vayas a cocinarlos! De ese modo eliminarás con un sencillo gesto bacterias y microorganismos que se encuentran en las superficies que tocamos habitualmente.

Al final son sencillos hábitos del día a día que ayudan a proteger nuestro sistema inmunitario. ¡Cuida tus defensas, cuida tu estado de ánimo!


[1] Bayer Te Cuida. “5 síntomas a tener en cuenta para saber si tus defensas están bajas”. Recuperado de: https://www.bayertecuida.es/vitaminas-sueno-y-alergias/vitaminas-para-las-defensas/5-sintomas-a-tener-en-cuenta-para-saber-si-tus-defensas-estan-bajas

[2] NCBI. “Affective immunology: where emotions and the immune response converge”. Recuperado de: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5442367/