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El cuerpo humano tiene un total de 360 articulaciones cuyas funciones varían significativamente dependiendo de su ubicación, así como del tamaño de los huesos que las componen etc.

La pelvis es el hueso más grande del cuerpo humano y forma parte en las articulaciones sacroilíacas, unas articulaciones que debido a su continuo uso y degeneración a causa del envejecimiento, puede padecer diversas lesiones.

Desde Arama Natural os explicamos qué son las articulaciones sacroilíacas y cómo están compuestas, cuáles son sus funciones, cuáles pueden ser sus principales lesiones y afecciones, cómo podemos mantenerlas saludables y qué productos con ingredientes de origen natural pueden ser de ayuda para ello.

¿Qué son las articulaciones sacroilíacas y cómo están compuestas?

Las articulaciones sacroilíacas o ASI, son dos articulaciones que se encuentran en la zona pélvica, descritas con forma semilunar o de oreja, planas y de una superficie de cerca de 17,5 cm2 en total.  Estas articulaciones unen cada lado del hueso sacro con la porción ilíaca de la pelvis.

El hueso sacro es un hueso en forma de pirámide invertida que se halla debajo de la vertebra L5 y encima del cóccix, y entre los huesos coxales, de la cadera, que son el ilion, el pubis y el isquion.

Su posición se ve reforzada por la ubicación de múltiples ligamentos, muy importante debido a que esta zona soporta el peso de la mitad superior del cuerpo y lo traslada a los miembros inferiores.

Estas articulaciones se pueden palpar y observar fácilmente en los denominados hoyuelos de Venus, dos pequeñas concavidades situadas en la zona baja de la espalda.

¿Cuáles son las funciones de las articulaciones sacroilíacas?

Además de estabilizar la pelvis y soportar el peso de la mitad superior del cuerpo, estas articulaciones tienen otras funciones.

En primer lugar, contribuyen a reducir los posibles efectos traumáticos que puedan producirse ante los cambios bruscos de la distribución del peso corporal.

En esta línea, otro rol importante de la ASI, es absorber el impacto energético que se produce durante la marcha. Estas articulaciones tienen un movimiento muy limitado, de inclinación básicamente debido al estiramiento de los ligamentos, pero a la vez que proporcionan cierta flexibilidad a la pelvis para deambular, también la sujetan efectivamente ante cualquier tipo de movimiento como las rotaciones de la pelvis sobre la columna.

Sin embargo, la función más importante es la de reducir el movimiento en cizalla durante la desaceleración que se causa al poner el talón en el suelo para iniciar la marcha.

¿Cuáles son las principales lesiones y afecciones que pueden padecer las articulaciones sacroilíacas?

Como hemos avanzado, estas articulaciones unen el hueso sacro con el coxal y se mantiene sujeta gracias a una gran cantidad de fuertes ligamentos, sin embargo, su ubicación entre las zonas superior e inferior del cuerpo producen que estas articulaciones puedan padecer lesiones de diverso tipo que manifiestan un dolor semejante al dolor de ciática (puesto que el nervio ciático pasa por esta zona) y cierta dificultad de movimiento.

Al caminar, por ejemplo, se pueden producir laxaciones ligamentosas, así como tensiones mecánicas, haciendo que estas articulaciones puedan dañarse por presiones o rotaciones rápidas de los huesos coxales.

También pueden resultar dañadas por asimetría de la longitud de las piernas, anormalidades en la pisada, traumatismos (por ejemplo, al caer sobre los glúteos), por realizar ejercicios intensos o prolongados, o verse afectadas por enfermedades articulares como la artritis o la artrosis y también algunas infecciones.

Finalmente, el envejecimiento óseo unido a la edad también produce que estos huesos pierdan su densidad y se vuelvan rugosos y más débiles, así como que los ligamentos y cartílagos también pierdan sus capacidades.

¿Cómo podemos mantener saludables las articulaciones sacroilíacas?

Al igual que las demás articulaciones de nuestro cuerpo, las articulaciones sacroilíacas deben mantenerse en buena salud y fortalecidas, para que las lesiones sean más improbables y su degeneración se enlentezca.

La población de mayor edad puede tender a padecer fracturas y lesiones en la zona de la pelvis por problemas al deambular y por caídas, por lo que es muy importante tener cuidado al realizar todo tipo de movimientos y hacer uso de sistemas de apoyo de precisarse.

Así mismo, es recomendable que, a pesar de que los ejercicios prolongados e intensos pueden dañarlas, se realice actividad física moderada y regular para fortalecer los ligamentos, músculos y huesos y evitar lesiones por su debilitamiento.

Un descanso adecuado también es fundamental en el cuidado articular, ya que durante el sueño el organismo se autorecupera y refuerza.

Finalmente, la alimentación es otro pilar importante en la salud de las articulaciones. El ácido hialurónico, el colágeno, la vitamina C, el zinc y el magnesio, son todos ellos nutrientes que contribuyen a la salud articular. ¿Os animáis a incorporarlos en vuestra rutina alimenticia?

Si queréis saber más acerca de nuestras articulaciones y cómo ayudar a mantenerlas sanas y fuertes os recomendamos seguir los consejos de nuestro blog y os invitamos a conocer los productos con ingredientes de origen natural de nuestra gama Osteoarticular.