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Un padecimiento que asociamos de manera natural al paso de los años es el dolor de articulaciones. Algo que de jóvenes (salvo que se padezca alguna molesta lesión o enfermedad) parece impensable, se puede convertir en un dolor cotidiano al envejecer.

Por tanto, empezar a cuidar cuanto antes nuestras articulaciones será la mejor manera de prevenir males mayores. Y sobre todo, dolores que pueden llegar a ser incapacitantes. Vamos a tratar de conocer mejor esta parte de nuestro aparato locomotor para así ser más efectivos en su protección y cuidado.

¿Cómo son nuestras articulaciones?

La unión entre las distintas partes de nuestro esqueleto se llama articulación. Además, se trata del lugar donde se posibilita el movimiento. Para que los huesos se accionen unos sobre otros se necesita un recubrimiento que los proteja del desgaste y facilite la movilidad. El cartílago es ese elemento protector.

Y a través de los ligamentos se unen las piezas (músculos, huesos), que nos mantienen. Además tienen muchísima importancia dos elementos más. Hablamos del líquido sinovial, y de las membranas sinoviales. Aportan al cartílago los nutrientes que necesita y mantienen el interior de la articulación lubricado y, en cierto modo, acolchado frente a la fricción.

Aunque también existen articulaciones sin movimiento, lo cierto es que aquellas que suelen producir dolores son las que rotan, giran, doblan o deslizan.

Causas del dolor de articulaciones

Las causas que podemos encontrar son muy variadas. Algunas se asocian a enfermedades de diversa consideración y otras a lesiones producidas por el propio movimiento. Las más habituales son las siguientes:

  • Lesiones y sobrecargas: las más frecuentes, sobre todo en personas jóvenes. Aunque el paso del tiempo también puede originarlas. Podríamos incluir caídas, sobrecargas, luxaciones, dislocaciones, giros bruscos, etc.
  • Artritis: hablamos de inflamación de las articulaciones en general, pero se puede clasificar según el origen del problema. En algunos casos hablamos de artrosis y en otros de artritis reumatoide. La primera ataca al cartílago y la segunda es una enfermedad autoinmune que destruye las articulaciones.
  • Infecciones que afecten tanto al hueso como a la propia articulación.

Todas ellas hacen que se acumule líquido en la zona articular (inflamación) que dificulta el movimiento y produce dolor. Además es posible que la zona afectada tenga una temperatura más elevada o presente un enrojecimiento.

Trucos para evitar o mejorar el dolor de las articulaciones

En cualquier caso, será conveniente descartar enfermedades o grandes lesiones, y para ello siempre es recomendable acudir a un profesional de la salud que efectúe un diagnóstico. Sin embargo, una vez diagnosticado o antes de que aparezca podemos incluir en nuestro día a día costumbres que evitarán males mayores.

1. Mantén buenos hábitos

Mantener una correcta hidratación y una correcta postura especialmente si trabajamos sentados o realizando esfuerzos o movimientos repetitivos. Dormir el tiempo suficiente será básico. El alcohol y el tabaco no son buenos compañeros, así que eliminarlos o reducir su consumo siempre redundará en una mejor salud en general y de las articulaciones en concreto.

2. Cuida tu alimentación

Para cuidar nuestros huesos debemos mantener los niveles de calcio, que podemos encontrar en lácteos, legumbres, frutos secos, pescado o huevos, por ejemplo. Los músculos por su parte, al ser tejidos constituidos por proteínas necesitarán aporte de estas: las obtenemos de las carnes de pescados y otros animales (especialmente los huevos) pero también a través de vegetales como las legumbres (especialmente garbanzos y soja), o la quinoa.

Sin embargo, puede pasar que no se disponga del tiempo necesario para llevar una dieta equilibrada, elaborada con alimentos frescos y variados. O que nuestras necesidades de protección de las articulaciones sean altas. En esos casos puede ser un acierto suplementar la dieta con complementos alimenticios.

Artilane Forte aporta nutrientes que ayudan al correcto mantenimiento de tendones, músculos, huesos, ligamentos y cartílagos. Gracias a la suma de sus nutrientes, ayuda a la salud articular afectada por el desgaste de las articulaciones, en caso de sufrirlo por el efecto de la edad o de la actividad física.

3. Ejercita las articulaciones

Realizar ejercicios suaves y sin impacto que favorezcan la flexibilidad como el yoga o el pilates siempre será muy buena opción. Calentar y estirar antes de cualquier actividad física es un también un gran consejo. Se suele decir que nuestro cuerpo tiene “memoria”, así que ser constantes nos ayudará a que los componentes de las articulaciones funcionen sin dolor.

4. Aplica calor o frío

Combatir la posible rigidez de unas articulaciones inflamadas o deterioradas es posible aplicando calor o frío. El primero suele tener un efecto balsámico, que ayuda a la movilidad. El frío es un gran aliado a la hora de disminuir la inflamación.

Ambos métodos son fáciles de emplear en casa, ya sea a través de almohadillas eléctricas, bolsas de agua caliente o hielo o incluso sumergiendo la articulación. Sin embargo, no habrá que superar periodos de tiempo de unos 20 minutos.

5. Inmoviliza si es necesario

Si la inflamación produce un dolor en las articulaciones muy molesto, quizá sea mejor dejar reposar la zona (y podemos combinarlo con aplicar calor o frío como se ha señalado anteriormente). Lo ideal es encontrar una postura que no produzca dolor. Temporalmente, la utilización de una férula para mantener rígido un miembro puede ser de gran ayuda.


[1] Mediline Plus. “Dolor Articular”. Recuperado de: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003261.htm

[2] Mayo Clinic. “Artritis”. Recuperado de: https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/arthritis/symptoms-causes/syc-20350772

[3] Arthritis Foundation. “Terapias alternativas de calor y frío”. Recuperado de: http://espanol.arthritis.org/espanol/tratamientos/terapias/terapias-alternativas-complementarias-calor-frio/#:~:text=El%20uso%20de%20calor%20o,la%20ma%C3%B1ana%20o%20hacer%20ejercicios