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Cuando escuchamos la palabra “bacteria” normalmente nos vienen a la mente microorganismos que viven o se introducen en nuestro organismo y nos enferman, sin embargo, esta es una visión muy generalizada. Una gran parte de un tipo de bacteria, los lactobacilos, no solo son beneficiosos para nuestra salud, sino también necesarios.

Desde Arama Natural, os explicamos qué son los lactobacilos, cómo contribuyen a nuestra salud, en concreto a nuestra microbiota intestinal y sistema inmune, dónde podemos encontrarlos y qué otros elementos pueden ayudar a nuestras defensas.

¿Qué son los lactobacilos?

Los lactobacilos, o lactobacillus, son un género de bacterias en el cual se hallan diversas especies. Son gram-positivas (que se tiñen de azul con la tinción de Gram) facultativas o microaerófilas (que pueden desarrollarse tanto con presencia como sin presencia de oxígeno) y baciliformes (en forma de bacilo, es decir, en forma de vara).

Se consideran bacterias generalmente “amistosas”, que se ubican normalmente en nuestros sistemas digestivo, genital y urinario, en la mayoría de los casos, sin causar enfermedades, basando nuestra convivencia en una relación de simbiosis, y formando parte de nuestra flora intestinal (microbiota) y vaginal (en el caso de las mujeres).

Reciben su nombre por el hecho de que este tipo de bacterias producen ácido láctico o lactato, y al ser su ambiente ácido, inhibe el crecimiento de otras bacterias patógenas.

¿Dónde podemos encontrar los lactobacilos?

En 1873, el médico ruso Elié Metchnikoff, que siguió los pasos de Pasteur, descubridor de la fermentación láctica, realizó dos viajes a las estepas de Astrakan y Stavropol, dónde conoció varias comunidades que llegaban a los 100 años de edad gracias a lo que él pensaba que era su alto consumo de leche fermentada.

En una conferencia que pronunció el 3 de octubre de 1901, afirmó: “tan pronto como nace, el hombre se convierte en el hábitat de una rica microflora. Somos tan viejos como nuestros intestinos”. Sus investigaciones le llevaron a ganar el premio Nobel de Medicina en 1908.[1]

Pero estos microorganismos, los lactobacilos, no fueron descubiertos hasta 1905 por el microbiólogo búlgaro Stamen Grigorov cuando, durante su estancia en la Universidad de Ginebra (Suiza) para acabar su carrera médica, al analizar la composición del yogur.[2] A causa de su descubrimiento, este género recibiría, el nombre de Lactobacillus bulgaricus.

Según Yulia Grigorova, nieta del científico, “la bacteria está en las hierbas que las ovejas pastan”.[3]

Con el descubrimiento de la fermentación láctica por parte de Louis Pasteur, se entendió el proceso ancestral de la conservación de los alimentos y potenciación del valor nutricional de estos. Muchos de los alimentos fermentados son de origen vegetal, como la verdura, las hortalizas y los encurtidos (como por ejemplo, el tempeh, el té kombucha, las aceitunas o el chucrut), pero también de origen animal como la leche y sus derivados (como el yogur o el kéfir). Esta fermentación puede ser natural o crearse industrialmente.

¿Cuáles son los beneficios de los lactobacilos para nuestra salud?

Nuestro organismo cuenta con cerca de 3,8 billones de bacterias[4], entre las cuales se encuentran los lactobacilos, que en su mayoría se sitúan en las mucosas y realizan funciones de barrera de apoyo al sistema inmune.

La Natural Medicines Comprehensive Database clasifica a los lactobacilos como eficaces  ante algunos casos de alergias, asma y afecciones dermatológicas como el eczema, pero destacan sus funciones en la regulación del funcionamiento intestinal y de apoyo al sistema inmune.[5]

A nivel intestinal, los lactobacilos se adhieren sobre la pared intestinal impidiendo la adhesión de otras bacterias dañinas, y compiten con ellas por los nutrientes, contribuyendo en los casos de diarrea, dolor de estómago y estreñimiento.

A nivel de apoyo a las defensas de nuestro organismo, más allá de producir el ácido láctico, bacteriocinas (inhibidores del crecimiento bacteriano) y evitar la adhesión de bacterias patógenas, también son una pieza clave para inducir a las defensas internas a actuar, pues estimulan la producción de interleucinas (mediadores químicos para el inicio de la respuesta inmune). [6]

¿Qué otros elementos pueden ayudar a nuestras defensas?

Más allá de los lactobacilos, existen otros elementos que pueden contribuir al mantenimiento de nuestro sistema inmune en condiciones normales. La vitamina B1, presente en alimentos como la carne, los cereales integrales, las legumbres o los frutos secos, contribuye al metabolismo energético normal y a mejorar el estado general del organismo.

Por su parte, la vitamina B6, que podemos hallar también en la carne, los plátanos, las patatas y cereales integrales, entre otros alimentos, contribuye al funcionamiento normal del sistema inmune.

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[1] PELTA, Roberto. Lactoflora. “La curiosa historia de los probióticos”. Recuperado de: https://www.lactoflora.es/la-curiosa-historia-los-probioticos/

[2] RAMANI, Madhvi, BBC. 26 de marzo de 2018. “La curiosa historia de cómo Bulgaria hizo popular el yogur en el mundo”. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/vert-tra-42892350

[3] RAMANI, Madhvi, BBC. 26 de marzo de 2018. “La curiosa historia de cómo Bulgaria hizo popular el yogur en el mundo”. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/vert-tra-42892350

[4] SENDER. R et al. Plos. Bio. 19 de Agosto de 2016. “Revised estimates for the number of human and bacteria cells in the body”. Recuperado de: https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.1002533

[5]  Lic. LICATA, Marcela. Zonadiet “Lactobacilos, las bacterias que nos protegen”. Recuperado de: https://www.zonadiet.com/alimentacion/lactobacilos.htm

[6] JURADO, Ana Rosa. Lactoflora. “Lactobacilos y defensas”. Recuperado de: https://www.lactoflora.es/lactobacilos-y-defensas/