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Generalmente relacionamos enfermarnos y tener las defensas bajas con las épocas de más frío, como el otoño y el invierno. Sin embargo, nuestro sistema inmune puede verse afectado a lo largo del año debido a diversas variables. En verano, aunque la climatología nos acompañe y podamos estar de mejor ánimo, nuestro día a día puede ser igual o más ajetreado y estar más expuestos al exterior, hechos que pueden afectar a la situación de nuestras defensas en verano y nuestro nivel de energía.

Desde Arama Natural, os explicamos por qué nuestras defensas y niveles de energía pueden verse afectados también en verano, os damos consejos para mejorar nuestras defensas en verano y os contamos qué nutrientes de origen natural os serán de ayuda.

¿Por qué pueden fallar también nuestras defensas en verano?

En verano, gracias al buen tiempo y las vacaciones, salimos más de casa, tenemos cambios más bruscos de temperatura, nos mojamos muy frecuentemente (en la playa o en la piscina), nuestro día a día es más activo, comemos más y bebemos bebidas frías. Además, pasado el invierno, nuestra tendencia a preocuparnos por nuestras defensas suele decaer, por lo que os pasamos a detallar algunas causas de que podamos enfermar en verano:

Cambios de temperatura

Aunque el resfriado sea una afección más relacionada con el tiempo frío, lo cierto es que también se da en verano, apareciendo los denominados “resfriados de verano”, que son el 20% del total al año, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).[1]

Estos resfriados pueden producirse por el descenso de las temperaturas durante las tormentas de verano, pero el principal causante de ellos es el constante, intenso e inadecuado uso del aire acondicionado.

Al salir de un lugar fresco por el aire acondicionado a la calle, se produce un cambio de temperatura brusco ante el cual nuestro cuerpo no se ha adaptado a tiempo, nuestras defensas pulmonares están más reducidas y somos más propensos a las infecciones.

El aire acondicionado, además, también reseca el aire y puede ser un lugar de cultivo de múltiples sustancias y microorganismos dañinos, provocándonos también infecciones e irritaciones.[2]

Estos cambios de temperatura e irritaciones también pueden darse al bañarnos en playas o piscinas o al consumir bebidas o alimentos fríos.

Infecciones y problemas de la microbiota

Como sucede en el caso del aire acondicionado o las piscinas y playas, no sólo estamos expuestos a cambios de temperatura, sino también a infecciones por microorganismos que pueden encontrarse en el agua en el que nos bañamos o en los alimentos que consumimos. En verano son frecuentes las intoxicaciones alimentarias, así como los problemas de gastroenteritis o candidiasis, consecuencia de que nuestro sistema inmune no ha podido combatirlos adecuadamente.

Estrés

Aunque las esperadas vacaciones de verano sean importantes para nuestra salud para poder recuperarnos del esfuerzo de todo el año y descansar, también pueden generarnos situaciones de estrés que afectan a nuestra energía y a nuestras defensas.

Es posible que antes de salir de vacaciones debamos ultimar mucho trabajo, tengamos que realizar muchas gestiones o nos sintamos inquietos.

Durante nuestro descanso es posible que suframos una cierta inadaptación al nuevo lugar o realicemos muchas actividades que nos agoten.

Finalmente, tras el período vacacional es posible que volvamos a sentirnos con muchas cosas que hacer.

El estrés genera la liberación de las hormonas de estado de alerta, el cortisol y la adrenalina, que aumentan el ritmo cardíaco, la oxigenación y el gasto de energía y aumenta la actividad de las defensas, que cuando cae el momento de estrés también descienden. Este hecho ha sido acuñado por el psicólogo Ad Vingerhoets como la “enfermedad del ocio”.[3]

¿Cómo podemos mantener sanas nuestras defensas en verano?

Además de tener en cuenta las anteriores causas que las afectan y actuar para evitarlas, la práctica de ejercicio físico moderado las fortalecerá, y el descanso adecuado contribuirá a su regeneración.

Finalmente, la alimentación tiene un papel fundamental en este aspecto, por lo que deberemos mantener una dieta equilibrada para aportar a nuestro organismo todos los nutrientes necesarios.

Las vitaminas B1 y B6, que podemos encontrar en mayor medida en cereales integrales, carnes y verduras, contribuyen a mejorar el estado general del organismo. La vitamina B1, además, ayuda al metabolismo energético normal, mientras que la vitamina B6, también ayuda al funcionamiento normal del sistema inmunitario.

Si queréis saber cómo ayudar a mantener la salud y la energía en condiciones normales este verano, os recomendamos seguir los artículos de nuestro blog y os invitamos a conocer nuestros productos con ingredientes de origen natural de la gama Nutritiva. ¡El verano es para disfrutarlo al máximo!


[1] Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) LLAMAS, Montse. Gabinete de comunicación SEPAR. Nota de prensa. “Del resfriado común a la legionella, los riesgos del aire acondicionado en verano”. 24 de julio de 2018. Recuperado de: https://www.separ.es/node/1200

[2] KERNPHARMA. “¿Por qué nos resfriamos en verano?” 12 de julio de 2018. Recuperado de: https://www.kernpharma.com/es/blog/por-que-nos-resfriamos-en-verano

[3] VINGERHOETS, AD et al. Tilburg University. “Leisure Sickness: A pilot Study on Its Prevalence, Phenomenology, and Background”. Psychother Psychosom.  Nov-Dec 2002, 71(6):311-7. DOI:10.1159/000065992. Recuperado de: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12411765/